Sobre las instrucciones de uso y los caminos trillados

Desde siempre, he evitado las instrucciones de uso, en el más amplio sentido. Hablo de las recetas de cocina, los manuales de desarrollo personal, los itinerarios sugeridos y todo lo que pretenda ser “la” vía. De hecho, considera mis palabras como parte integrante de mi realidad, de mi camino, y adhiere solo a ellas si te sirven de ayuda.

Lo habrás adivinado: no me gustan los caminos trillados, pues no me enseñan nada nuevo. Ahogan toda creatividad, toda originalidad y todo talento artístico. Seguir una vía muy frecuentada no enriquece en nada, como mucho aporta sensación de seguridad, dando la ilusión de ser la buena, la sola y única vía. Pero, ¿hemos venido a la vida para seguirnos unos a otros en fila india? ¿O bien para descubrir, experimentar y crecer a través de nuestras propias experiencias?

Desde nuestra juventud, la educación familiar y escolar, la religión y la vida profesional se encargan de meternos en moldes, de pegarnos etiquetas y de hacer de nosotros “estándares” alineados con las normas de la sociedad. Así, seleccionados, catalogados, ordenados y clasificados, somos programados como robots para seguir las “grandes autopistas” de la vida.

La mayor parte de los seres de esta tierra, aprisionados por las convenciones y preocupados por la mirada ajena, eligen esta prisión dorada, desechando a menudo todas las demás vías, juzgándolas y considerándolas como falsas o malas. Algunos llegan incluso a recurrir a las guerras más infames para combatirlas, implicando en ellas a un dios de pacotilla poseedor de verdades absolutas…

Mientras la sociedad nos encandila con sus aires de libertad, la mayoría se encarcela rodeándose de múltiples condicionamientos y obligaciones. La verdadera libertad es elegir en cada instante dónde se posará nuestro pie en el siguiente paso, lejos de toda idea preconcebida. Los senderos más bellos son aquellos que exploramos y descubrimos.

Triunfar de otra forma” ha sido, desde muy joven, mi lema, y este me ha sonreído hasta el día de hoy. La única inteligencia es saber trazar cada día nuestro camino, para extraer de él ese enriquecimiento personal y único. La inteligencia no es caminar tras los pasos de otros, o llenarse la cabeza de citas y teorías, casi siempre inútiles e inaplicables: las llaves de otros no abren mis puertas.

Siendo como soy, observador y atento, me gusta experimentar la vida y saborear la alegría de adentrarme en sendas inexploradas, en busca de la sencillez. Las “vías con mucho tráfico” no me parecen las más directas, puesto que esquivan a menudo realidades molestas, a costa de muchos rodeos.

Me gusta nadar contra corriente, es mi manera de aprender y de cruzarme con mucha gente. Cuando nadamos a favor de la corriente no nos cruzamos con nadie, simplemente nos dejamos llevar e invadir por la monotonía. Nada ocurre de interesante, cautivante o enriquecedor. Avanzamos entonces como corderitos, desde un espíritu fatalista, repitiendo en tono resignado: “Es la vida, no tengo elección”. He aquí, de hecho la creencia sin duda más implantada y más destructora de nuestro mundo actual…

Trazar nuestro propio camino no consiste claro está en desechar todos los otros, sino en apuntar en una dirección y mantener el rumbo. No es un camino solitario, puesto que lleva a cruzarse con muchos otros. La intuición se vuelve entonces nuestra guía, inspirando cada uno de nuestras elecciones y cada una de las direcciones tomadas.

Seguir nuestro propio camino nos enseña igualmente el desapego de la mirada ajena y la tolerancia, la que implica aceptar que no hay una vía universal y que cada ser humano de esta tierra explora la suya propia, iluminando todas las demás a través de su experiencia personal. Y es así como la humanidad crece, a través de la diversidad y del enriquecimiento mutuo.

¿Cómo abandonar la autopista y el modo “piloto automático”?

Empieza, en primer lugar, por tomar conciencia de tus deseos, necesidades y frustraciones. Déjalos que asciendan a la superficie, haciendo abstracción de tus juicios y condicionamientos. Reconoce después que no existe una mala vía, siempre que la misma no se abra en perjuicio de otros. ¡No hace falta cambiar todo de la noche a la mañana! Dirígete cada día un poco más hacia tus sueños y tus aspiraciones profundas, y aliméntalos a diario con tu amor, tu luz y tu fe.

Satisfacer la expectativa ajena no te proporcionará la felicidad. El ser humano no ha nacido para vivir cautivo, atado, dependiente o siervo. En este trabajo introspectivo, sigue la voz interior a menudo ignorada, y te sorprenderás a ti mismo explorando tu propio camino, el único que puede satisfacerte, y llevarte a la autorrealización. ¡Escúchala solo a ella!

No existe una buena o mala forma de caminar, solo la tuya propia, la que te eleva.

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