Competitividad y autorrealización

¿La autorrealización pasa obligatoriamente por la competitividad? La pregunta puede parecer estúpida, pero oigo muy a menudo a personas desdichadas que no pueden concebir la felicidad sin entrar en alguna forma de competición. Ser únicamente uno mismo les parece tristemente banal, por no decir profundamente angustiante. ¿La vida no tendría entonces sentido si no es en la explotación, en la perspectiva de una meta que alcanzar, de un record que batir? ¡No, evidentemente! Está incluso demostrado que las personas arribistas, o centradas en los resultados, con frecuencia son más infelices que las otras.

La ignorancia de su propia naturaleza y la falta de autoestima empujan al ser humano a distinguirse de la masa, a tratar de existir a través de un estatus social o profesional donde la competencia está a la orden del día. Tiene esa creencia de que el éxito y el reconocimiento ajeno se logran a través de la materialización de un objetivo ambicioso. Pero la experiencia demuestra que ese tipo de éxito aparente no hace sino alimentar el ego, y a veces el monedero, extendiendo al mismo tiempo un frágil barniz, que no deja de agrietarse muy rápidamente cuando la persona se seca por dentro. A excepción de los efímeros y vaporosos oasis, nada consistente puede surgir de un suelo pobre y desértico.

lámpara ¿Has visto alguna vez una lámpara apagada que desprenda luz? Para emanar hacia el exterior, debe lógicamente empezar a brillar desde el interior. El ser humano no escapa a esta regla de sentido común, y cuando, a pesar de todo, intenta evadirla, procurando manifestar externamente lo que no posee internamente, la experiencia se salda sistemáticamente con el fracaso y el sufrimiento. El éxito no debe ser nunca la prioridad, y aún menos el fruto de unos resultados destinados a colmar un vacío interior. La auténtica realización de sí arraiga en uno mismo, cual árbol majestuoso que no puede elevarse sino desde una tierra consistente, rica y fértil.

La felicidad no se encuentra en proeza alguna que apunte a seducir al entorno. La sombra de esa felicidad es efímera, y las personas que nos admiran por nuestra distinción nos olvidarán pronto. El suflé termina siempre por volver a caer. La ambición rara vez conduce a la felicidad, ya que cada éxito termina siempre en el pozo del olvido. ¿Cómo podría buscar mi felicidad en la impermanencia de un éxito? Todo resultado conseguido es superado un día por otro resultado. Es como una pompa de jabón, y si solo existo a través de ella, si me agarro a ella, terminará inevitablemente por explotar en mis manos.

Si bien en otro tiempo perseguí el triunfo, hoy soy un ser perfectamente ordinario y me importa poco ser bien considerado o distinguido. Mi logro personal es estar en armonía con la existencia, en paz con la vida, consciente de mi naturaleza profunda. No busco nada más, y estoy totalmente falto de ambición, sin proyecto, sin record que batir, solo receptivo a lo que me ofrece la vida, aquí y ahora. Algunos ven en mí un ser despierto y otros un anarquista. Que se me admire o se rían de mí me es indiferente, y cada uno es libre de verme con su corazón, con sus prejuicios, con sus heridas o con sus fantasmas. Existo por mí mismo, sin buscar gustar o convencer. No aspiro en absoluto a una felicidad que se parezca a un paraíso artificial salido del desierto. La mía florece desde el interior, a cada instante…

Y tú, ¿quién eres, más allá de los resultados y del espíritu de competición? ¿Eres feliz cada instante que la vida te regala?

Esta entrada fue publicada en Reflexiones. Guarda el enlace permanente.