¿Remordimientos o experiencias?

¿Tienes algún remordimiento en tu vida?

Personalmente, por más que busco, aun con esfuerzo, no encuentro ninguno. Si pudiera retroceder en el tiempo y cambiar alguna cosa de mi vida, yo no tocaría nada, absolutamente nada, ya que, para mí, la suma de esas experiencias pasadas es lo que ha hecho de mí quien ahora soy. Sí, prefiero hablar de experiencia antes que de remordimiento, pues el remordimiento tiene algo de fijo, de estéril. La experiencia, en cambio, tiene siempre una enseñanza que transmitirnos, desde el momento en que intentamos hallar en ella un sentido constructivo. Podemos lamentarnos de todo (muy de moda actualmente), pero también podemos tomar cada tramo de vida como una palanca para elevarnos.

Evidentemente el remordimiento está muchas veces ligado al tiempo, o más bien al rechazo de este y de su acción sobre nuestro ser físico. Puesto que es evidente que si solo nos identificamos con nuestro cuerpo que envejece, no podemos sino lamentar nuestro nacimiento, disparador de todas nuestras desgracias. Un morboso culto al pasado y la negación de vivir en armonía con la propia edad física no pueden sino hundirnos en el pesar. ¿Cómo permanecer joven de espíritu cuando se siente remordimiento y cuando se envidia a los más jóvenes por lo que ya no se tiene, por lo que no hemos sabido darnos?

Permanecer joven no consiste en restaurar la fachada, ni en extender más pintura para enmascarar las grietas, sino en vivir plenamente con la propia edad, en la conciencia de que nosotros no somos nuestro cuerpo. Cuando ya no invertimos toda nuestra energía en intentar vanamente frenar el tiempo, podemos entonces saborearlo plenamente, en el instante presente. ¿Piensas realmente que nuestra existencia se resume en esa minúscula porción de tiempo comprendido entre nuestro nacimiento y nuestra muerte? Reconocer que existimos más allá de ese factor tiempo, propio de nuestra encarnación, no puede sino disolver todos nuestros remordimientos, pasando a ser, entonces, cada experiencia vivida, un tesoro personal de más para nuestra alma.

¿Por qué no sentiríamos agradecimiento hacia todos esos momentos vividos en la sombra, hacia todos esos comportamientos en los que no supimos respetarnos, hacia todos esos actos perdidos e irrespetuosos, hacia todas las personas que nos han herido? Agradecimiento, porque la sombra nos habrá despertado las ganas de encontrar la luz, porque nuestros actos frustrados podrán desde entonces transformarse en triunfos, porque habremos aprendido hasta qué punto el perdón puede aligerarnos… No existen buenas o malas experiencias, todo es cuestión del punto de vista, y el sentido que podamos atribuir a cada experiencia vital depende, por entero, de nosotros.

La película de nuestra vida no tiene gran importancia, pero las enseñanzas que habremos sabido sacar de ella serán toda la riqueza que nos llevaremos el día de nuestra partida.

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